Decía que estaba bien y gallardo, sólo un fallito. En la mili casi todos los turutas se dejan bigote. Lo intenté durante esos tres meses de entrenamiento básico pero como soy medio lampiño apenas me salían veinte pelillos por los extremos del labio superior, como Cantinflas y los chóferes privados filipinos de los señorones de La Moraleja. Así es, que el día primer domingo que nos dieron libre en el CIR aproveché para invitar a cenar a una que pretendía y con quien 'me hablaba en la ventana'. Me dí unos retoques con un tinte o Rímel de mis hermanas para aparentar más bigote/machote. Wow.
La llevé a la Taberna del Alabardero (que eso pega y venía a cuento de milicias.) En mitad de la cena me soné la nariz, se me corrió el tinte y me dijo la muñeca – Grillo, se te están derritiendo los morros y se te corre el bigote...
(Qué desdén. Y no me la pude tiraaaar....!!!!)
Yo no soy un mocoso habitual. ¿O es que no habéis oído hablar del efecto dumping digestivo? A veces, al ingerir rápidamente alimentos calientes (y yo iba follao aquella noche) el aparato digestivo necesita producir mucho líquido para facilitar en el estómago y resto del tránsito el proceso del bolo alimenticio. Algun@s producen tanto y tan rápido que se bosan por los orificios nasales. Ea, pues eso.
Vuelta al Campamento.
- Medranooo !!! (a un quinqui la mar de simpático), tú vete a la enfermería y vas poniendo la vacuna a todos los que van a ir entrando en fila y ya desnudos de medio cuerpo para arriba. ¡Ar !
- ¿Vacunar yo...?
Me brindé a ir como su ayudante por mis relativos conocimientos de la materia. Al quinqui le di un pincel hecho con un hatajo de plumas de paloma que iba mojando en un bote con una emulsión jabonosa de Zotal (me pareció) y daba un brochazo bajo la escápula a los de la fila. Daban un pasito adelante y yo, con una jeringa metálica tremenda, de caballo, les proporcionaba un pinchazo a cada cual calculando a ojímetro la dosis. Varios caían redondos al suelo viendo al de delante aún con la aguja puesta medio colgona y su gotitas de sangre - que les retiraría otra vez Medrano y les arreaba otro plumazo de desinfectante. Un círculo vacunador.
Los caídos por la patria eran recogidos cada equis tiempo por unos camilleros ya veteranos y supongo que los llevarían a alguna otra parte; hospital no había. El Gómez Ulla quedaba en Madrid y los rumores eran que mejor no ir allí porque no miraban fichas ni partes y podrían sajar el prepucio fimósico a uno con cualquier mediana estenosis intestinal o introducir una cateterismo vesical a otro que padeciera asma. De haber servido como alférez universitario quizás me hubieran destinado a ese hospital militar y pudiera haber sido yo un atolondrado saniario de aquellos, (lo dudo, porque en mis trabajos y oficios creo haber sido muy diligente.)
Y quiero hacer una llamada de atención al muy peculiar absurdo militar que Gila fusiló tan bien.
Sabiendo que hablaba alemán me destinaron inmediatamente al AEM de Vitrubio (Alto Estado Mayor... da miedo pensarlo: yo espía.) La primera mañanita me suben a la última planta, me sientan en una hilera de sillas junto a una mesa frente a las ventanas (no si habréis visto que en el terrazo hay muchas antenas y radares), me tienen allí de plantón 6 horas con unos auriculares de baquelita. Me sentí como en una película de Lubitsch. Tomé nota de lo que 'escuché'...
Bajo, le entrego mis notas de bloc a 'mi teniente coronel' del Aire y me pregunta - ¿Qué han dicho? - Pues mire usted, ahí lo ve, han dicho zeta, y griega, alfa, hache, uve... y así todo el rato. - ¿Y eso qué significa? - ¿¡¡¡ Y yo qué sé, cojones'!!! Son letras, coño.
No se enfadó. Debió hacerle gracia o es que vestidos los dos de paisano el superior pierde mala leche.
Juro por lo sagrado que durante una tediosa guardia de domingo, el general Gutierrez Mellado me invitó (me pidió) jugar al mus en su despacho porque les faltaba un 4º jugador. Ganemos y me dio cien pesetas. Era un hombrecito encantador y muy listo. Verlo tantos años después en el Congreso zancadilleado por los picoletos de Tejero me produjo bastante desazón. Fui a la mani de después. La única a la que he asistido en mi vida. No sólo me pareció un deber cívico, sino que durante el lentísimo recorrido anduve evocando mi partida de mus con el general G. M. en aquél Alto Estado Mayor del Ejército.
Contaría más cosas absurdas, más anécdotas de entonces, de 'aquello', pero me temo que puedo acabar aburriendo porque eso de enrollarse con las cosas de 'la mili' ya es un topicazo masculino y está más visto que el TBO.
Hasta otro día.
5 comentarios:
Hace años que uso lentillas y no se me nota, pero soy considerablemente miope. Lo suficiente, y más, como para que al ser llamado a filas en los lejanos setenta el tipo uniformado que me recibió y examinó -jamás he sido capaz de identificar un grado militar, no sé si era un brigada o un teniente coronel- me dijera, con grave conmiseración: "Lo siento, pero creo que va a ser usted declarado inútil". Me compungí adecuadamente, saludé, me fui y nunca más he vuelto a tener la menor relación con el ejército, salvo cierta tendencia, que supongo compensatoria, a ennoviarme con hijas de oficiales, de coronel para arriba, que uno es muy selectivo. De modo que jamás he tenido historias de la mili propia. Quizás por eso tolero bastante bien las de las ajenas. Me resultan siempre vagamente irreales, como cuentos de un mundo fantástico, arbitrario e imposible, como las historias del Barón de la Castaña. Lo siento por los que habéis tenido que padecer en carne propia la arbitrariedad y la imposibilidad, que sé bien reales, de ese mundo para mí -afortunadamente- tan distante.
Pues, querido amigo, no te has perdido NADA, ni siquiera el tener cuatro anácdotas bobas que contar a los hijos o amigos.
Personalmente considero que es una perfecta pérdida de tiempo, un año, 18 meses o más, que joroban bastante en la 'carrera' o la marcha de un hombrecito en una edad bastante crucial.
En mi tiempo - eso sí - hubo algunos procedentes del campo o 'sin techo' que se encontraban allí mejor que donde estaban y se reenganchaban.
Me alegro por tí, aunque seas tan miope.
Hola Grillo, me sigo divirtiendo con la lectura de tu blog, a partir de ahora ya no como "Anónimo" como puedes comprobar.
Yo perdí 18 meses con la puta mili, aunque en realidad no considero haberlos perdido del todo.
Me he sentido identificado con alguna de tus anécdotas. Como curiosidad, coincidí con un sobrino del genial Gila, que por cierto, le imitaba a la perfección.
A pesar de la pérdida de tiempo que representaba, creo que sería una buena experiencia para los jovenes de hoy en día poder compartir digamos, unos 3 meses, en algo parecido.
Un saludo.
Hola Grillo ! Tu comentario ha salido por fin en mi blog. Acabo de verlo, y de poner una nueva historieta.
A mi me mola leerte, grillito.
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