….
y nada más llegar a casa guardé en mi escritorio el testamento
vital que me extendió el complaciente notario. También es cierto
que no le pedí nada del otro mundo, (bueno, casi sí): ya en 2008
dispuse que en caso de llegar a un estado definitivamente terminal no
quería palmar en un hospital, lleno de cables, enchufado a una
máquina, con respiración asistida, dando el coñazo a mis
familiares y ocupando una cama que mejor podría aprovechar un
jovenzuelo que se ha hecho polvo la muñeca y el codo cascándosela
con demasiado ímpetu o una mujer trayendo al mundo otra criatura de
reemplazo.
Te
explico a pasos ordenados y relativamente escuetos.
One.
De
niño, con solo dos o tres años, padecí un absceso pulmonar en
aquella Málaga de la que soy oriente, donde en los primeros
cuarentas daban por perdidos a los infantitos abscesados pulmonares.
Pero mi brava madre se propuso sacarme adelante. Se hacía traer
sulfamidas desde Gibraltar y pasé más de un año en cama, sudoroso,
prácticamente atontado, sin tener consciencia ni siquiera del
aburrimiento. Respondí bien; listo para empezar el cole tanto o más
alegre y bullicioso que los otros niños. Me libré de palmar a una
edad que podríamos llamar prematura.
Two.
23
o 24 años. Durante el rodaje en un decorado de plató me agarré a
dos arcos voltáicos que debían estar derivados, hice puente y
cuentan que por todas partes del cuerpo me salían rayos y
chisporrotazos como en los dibujos animados. El jefe de eléctricos
cortó el interruptor general. Luego el médico de rodaje me masajeó
el tórax y el corazón hasta que empecé a respirar. A juicio del
electricista, (más técnico que el propio doctor) dijo que pude
haberme quedado hecho un chicharro en cuestión de segundos. Pero no,
tuve suerte. Seguimos rodando varias horas después, porque estaba
bien, fue solo un susto. El 'chispas' estuvo varias semanas
diciéndome que eso era como volver a nacer. Desde entonces la
electricidad me ha producido mucho reparo.
Three.
Cuando
regresé del rodaje en Barcelona de 'La gran esperanza blanca',
(contado en otro post), resulta que estaba tuberculoso. Podría tener
cerca de treinta tacos. Va; me ingreso en un sanatorio por Valdelatas
y lo pasé muy divertido. De verdad; no te duele nada, solo tienes
que hacer reposo, comer, descansar, leer y dibujar; no tienes mala
conciencia por no ser productivo; hay que tomar fenil pas, Hidracida
contra el Koch y dejarte pinchar a diario un antibiótico, una
penicilina cualquiera. Para qué contarte la que lié en el
tuberculosario: hice tantas maldades como puede ingeniarse un sujeto
encamado. El Director Superjefe neumólogo, tuberculoso él mismo que
por eso se especializó en el género, vino a verme una mañana, con
su barbita bien recortada, como ese del dúo Pimpinela. – Me dicen
que es usted muy revoltoso y que se ríe mucho... - Vaya, lamento
desentonar... ¿quiere usted decirme que con los espasmos de la risa
se mueve el pulmón y así no cicatrizará la pequeña herida? - Ni
hablar – me interrumpe – reírse es lo más sanatorio que existe,
pero ¿me quiere usted explicar de qué coño se ríe?. - Pues de
nada, de todo, aquí se está muy bien... - Si no le importa le voy a
colocar otra cama al lado para un chico de Zamora que acaba de
ingresar y viene totalmente hundido, a ver si lo animamos. - De
acuerdo.
Cierto,
Emilio M. era triste, cetrino, esquelético, aburrido y feo, ¿sabéis
esos que los miras bien y no sabes si tienen la nariz muy salida o la
cara muy echada para atrás? La novia y los padres venían a
visitarle una vez por semana. Estoy convencido de que al principio
debieron pensar, 'qué mala suerte, han puesto a nuestro Emilín
junto a otro que además de tuberculoso está como una chota'. A las
tres semanas la novia zamorana se sentaba junto a mi cama y me daba
carrete muerta de risa. Le contaba mil chafarderías.
Además
de mi familia, a diario me visitaba mi mexicana..., qué malos ratos
me hacía pasar con los cariños y los besuqueos. Al irse me quedaba
una hora con la tienda de campaña montada, porque si uno ya era
follandrín por naturaleza, resulta ser que la tuberculosis aumenta
mucho la libido, y había cuatro cosas absolutamente prohibidas:
fumar, beber alcohol, exponerse al sol y ejercer ninguna modalidad
de sexo.
Va.
Me licencié el primero de mi quinta, luego anduve un año con el
antibiótico, trabajando moderadamente, y del asunto nunca más se
supo. Así que pasaron 3 o 4 años volví a hacer vida normal: un
desparrame.
Four.
Cerca
de los cuarenta padecí una úlcera de estómago de puro estrés. Me
caí redondo en una reunión de trabajo. - Déjate de ostias Grillo,
levántate. Uno me giró: estaba groggy y 'manchando'. Me llevan al
Doce de Octubre, inconsciente, le dijeron a mi nueva novia, (luego
esposa y luego santa ex), enfermera senior, que se temían lo peor
porque perdía sangre a mayor velocidad de la que me podían
trasfundir. Me abrieron como un cochino, a vida o muerte, y me
practicaron un Bilroth I, que era la única carnicería que
entonces sabían hacer los de digestivo. Aún tengo la cicatriz desde
la apófisis xifoidea del esternón hasta el ombligo, lo que viene
siendo la línea alba.
En
un breve lapso de consciencia pude articular palabra para decir a mi
novia que tenía mucho frío, y me arropó.
Dos
apuntes:
- Cuando estás a las puertas de la muerte para nada se ve la vida pasar como un relámpago, atravesando un túnel oscuro en cuyo final hay una luz resplandeciente y allá están tus seres amados haciéndote la ola como entusiasta acogida. Ni hablar: solo sientes frío. Ya me dirás, pierdes sangre, pierdes temperatura corporal y lo único que quieres es que te tapen. El resto te la refanfinfla.
- A los que están palmando en un hospital les ponen alrededor un biombo como para evitar que los de al lado se acojonen. Por debajo del biombo sólo alcanzaba a ver la bolsa del pis del compañero llena de puses y ascos... que tampoco es lo mejor como última imagen con la que despedirse de este mundo. No es que uno sea cursi y desee ver un arroyuelo de aguas cristalinas con pajarillos revoloteando y cantando alrededor. No; pero entregar la cuchara mirando pis y caca tampoco ¿eh?
Salgo
del trance, me dicen 'has vuelto a nacer'. Y me vuelvo a casa. En
cosa de un mes estaba de nuevo currando, tan contento, oye. Hasta que
empecé a sentirme muy, muy cansado, extenuado, amarillento y fatal.
– Oh... lo sentimos, te hemos pasado una hepatitis C
postrasfusional con toda aquella sangre.
Entonces
no había filtros ni indicadores como hoy.
A
pincharme Interferón de acuerdo con un protocolo de un año,
soportando unos dolores de cabeza inenarrables, fuerte depresión y
fiebre por encima de los 40º día y noche.
Me
dice mi socio, no vengas a trabajar así, animal. Me quedé encasa
unos meses. A los nueve me saturo. – Doctor, casi que debe ser
mejor morirse que esto, no puedo más. - Oye, suspendemos el
tratamiento ya; la biopsia del otro día indica que estás muy bien,
menudo palo le hemos dado al virus; nos lo hemos cargado. - Y a mí
de paso, no te jodes. - Se podría decir que has vuelto a nacer. -
Gracias tío, (ya van tres.)
Lejos
de acobardarme pisaba más a fondo el acelerador para disfrutar a
modo. Nada de beberme la vida a sorbitos moderados preventivos, sino
a enormes tragos. A la vida ya le vi las intenciones y quería
apurarla al máximo por si me tenía reservado otro jamacuco. Trabajé
muchísimo y salía de noche más que el camión de la basura.
Five.
Muchos
años después agarro el coche y me voy con mi hijo niño, un primo
suyo y una novieta nueva a pasar la Semana Santa en mi charlé de
Guadalmina.
Créetelo:
se salta la mediana un moro de esos que van con la fragoneta llena de
paisanos y en la baca maletas, bicis, bidés y todo eso. Choque
frontal, siniestro total. De esto sí tengo prueba gráfica por
obvios motivos del Seguro y de la Guardia Civil. Mira cómo quedó mi
vehículo. (En las UCIS no había fotógrafos...)
Todos llevábamos los
cinturones de seguridad puestos y el Volvo tenía 6 airbags (búúú,
qué mal huelen al reventar...) No hubo muertos ni heridos. Los de
Atestados nos llevan a un hospital de Almuradiel, nos radiografían y
escanean y ninguno tenemos NADA. - Oiga, viendo por qué parte le han
atizado, ha vuelto usted a renacer...
(En
verdad esto es un renacer a diario.)
Hago
que los chicos y la acompañante hablen con sus padres y les cuenten
de viva y tranquila voz lo sucedido y que estamos bien. Los
chiquillos como si hubieran vivido una aventura fantástica. Y la
novieta otra insensata, periodista becaria en EFE. no tendría más
de 12 o 14 años que los chicos. ¿No era nuestro deseo ir a Málaga
y pasar una estupenda semanita? ¿Vamos a consentir que un incidente
se interponga en nuestros planes y nos trunque la voluntad? Así es
que pido a la Volvo otro auto temporal, según figura en la póliza,
y nos fuimos camino adelante. Os ahorro los partes de la Guardia
Civil, el trasiego de maletas, y cómo supe que los pobres moros
estaban bien, (pero los bidés quedaron hechos añicos en el arcén.)
Aunque
lo parezca no estoy haciendo alarde fanfarrón, solo constatando lo
azaroso de la existencia; porque luego va otro buen peatón
morigerado, caminando tan formalito por la calle, se le tuerce un
tobillo, se da en el colodrillo un golpe contra el bordillo de la
acera y acaba 'listo'; todo lo que queda de él es la efímera
silueta de tiza que dibujan los del Samur cuando se lo llevan
envuelto en papel de oro de ese. (Eso sí que tiene que abrigar. A
ver si voy a Resopal y me compro unas resmas para lo que aún queda
de frío.)
Six.
Recidivió,
(Vanbrugh, corrígeme si no se dice así) lo mío del estómago hace
unos años. Mi ya definitiva y santa ex me encuentra en casa tendido
en otro charco de sangre y, de nuevo la chamba: sabe de un médico
que dirige en La Paz una novísima Unidad de Sangrantes modélica en
el mundo según vi luego en grandes posters por los pasillos. Esto me
lo contaron a toro pasado. Estaba prácticamente sin constantes
vitales, sin pulso, tieso. Por lo visto me tuvieron varias horas en
un quirófano, me desfibrilaron varias veces; no sé que cipotón de
burro me metieron por la garganta con un tubito de chorro de agua
para aclarar, otro para succionar, otro con una lucecita y otro con
un rayo láser para cauterizar. 3 días después estaba en casa,
porque la técnica es incruenta, nada invasiva.
- 'Ha vuelto usted a renacer'. (Ya, ¡joder!, es que soy mogollón
renacentista.)
Seven.
Hace
bien poco el episodio de la próstata también narrado. Agg, qué
doloroso y qué guarro.
Pero
eso ha sido y va a ser lo último. Escucha, que ahora viene lo
bueno.
Sí,
porque la semana pasada estaba charlando y riendo con una de mis
hermanas en su casa. Algo vimos en la tele, sin sonido, que me hizo
recordar de pasada cómo lamentaba no haber podido en su día incluir
también en mi testamento vital que donaba mi cuerpo a la Ciencia. No
lo querían , debido al asunto de la hepatitis crónica. - Usted ya
no pueden donar ni una uña, usted es un puro contagio andante. (Jó,
- pensé - pues de entonces acá me casé, tuve un niño alto,
guapetón, sano, y me he encamado con muchas sin perseverativo ni
contagio.)
- Calla
hombre, (mi hermana), cómo he podido no darte esta noticia tan
buena. Resulta que ya se pueden donar los cuerpos, tengan lo que
tengan, mientras más catastróficos mejor, para que se experimente
y se aprenda con ellos. Por ejemplo, a los que palman con Alzheimer
les cortan lonchas finas del cerebro y están avanzando
increíblemente para prevenir y curar esa enfermedad. Mi marido,
nuestra hermana M. y yo nos vamos a apuntar a eso. Fíjate: vienen
unos, te meten en un saco con cremallera, te llevan a no sé dónde
y allí te aprovechan todo; además le evitas la la familia el trago
del cementerio, la incineración, las lágrimas y besos, y no te
cuesta ni un euro.
- Ah, pues avisadme cuando sepáis dónde queda eso y qué hay que
firmar porque voy con vosotros.
Ya
me froto las manos, oye. Me lo estoy imaginando, no sé, como un gran
quirófano o sala llena de científicos surtiéndose de vísceras en
algún mostrador de casquería que deben tener.
Dirán
los hombres del saco, 'Os traigo un cadáver estupendo (refiriéndose
al mío), este hijoputa tiene de todo. Aquí tenéis para
experimentar y aprender la leche.
Un
hepatólogo avanzado se pide una sección del lobulillo hepático que
le falta para completar un trabajo interesantísimo. Llamaría otro
de Barcelona: - Veo en el historial del nuevo que en el vértice del
pulmón izquierdo tiene una manchita cicatrizada. Me interesa mucho
algo de tejido reticular para un cerdo al que voy a volver tísico
porque reacciona igual que los humanos y luego lo salvo con un
tratamiento inverso con la células de ese. Será un gran paso.
No
sé si tiene el sabio interesado que venir a extraer él mismo con
habilidad quirúrgica el mondonguillo que necesita o vale que se lo
manden cortado por las bravas y metido en una nevera de Coca Cola con
hielo seco.
Espero
que las últimas carnes no las envíen a Ikea.
¿Y
me preguntas CUI PRODEST? , Joér, hasta un piernas como yo
puede beneficiar a otros futuros cuerpetes que padezcan de esto o de
aquello. Es fantástico, es de justicia, es revolucionario.
C.C.,
Barbie, Emma, Miroslav, Lansky, J.M., Vanbrough, Antonio Castro,
Molón Suave, Números, Atman, P. Adela, K, y quienes a veces me leen
y comentan. Salud.

24 comentarios:
Estoy ya a punto de acostarme, Grillo, así que no puedo comentarte demasiado. Cuentas los siete nacimientos de tus siete vidas y, además de impresionarme, me haces pensar en los que también a mí me han tocado (en mi caso han sido seis, alguno ya tiene su post). Como dices, cuando uno está a punto de morir y es consciente de ello, no se te pasa la peli de tu vida en un instante eterno. En mi caso, al menos, lo que he experimentado es una calma de resignación absoluta, de aceptación incondicional (bueno, hasta aquí, qué se le va a hacer), sin ningún miedo ni sentimiento negativo. La verdad es que me extrañó porque, "desde fuera", le tengo bastante miedo (quizá no sea ésa la palabra más adecuada) a la muerte; pero así fue.
Hola, Grillo. No estoy muy seguro de si lo que recidivó fue lo tuyo de el estómago o si el que recidivaste fuiste tú, como dueño y paciente del órgano. Me inclino por lo segundo, pero la verdad es que después de leer tus descacharrantes posts no estoy nunca en mi mejor momento corrector, porque mi inclinación natural es a pensar que las cosas se dicen, exactamente, como las dices tú.
Enhorabuena, por tus sucesivos renacimientos y por lo bien que los cuentas.
Impresionante tus siete vidas, eres dificl de matar hasta para un ganhgster tan habil como el que esto suscribe.
En lo que no estoy de acuerdo es en que no se reviva la vida al palmarla: yo me atraganté con uan chirla, me asfixie, me llevaron al hopsital, me entubaron y drmieron me la sacaron y en efeco, nada, nade de luecitas al final del tunel ni d ela vida a paso rápido en un segundo. Pero...un día en el Atlántico,a bordo de un velero frentea las costas de Mauritania, tuvimos un percance y bajé buceando bajo el caso a desenredar la corredera, me golpee la cabeza y quedé inconsciente, por suerte aparecí por babor flotando con la cabeza hundida y Amadeo se tiró al agua a sacrme. te aseguro que sufrí toda la parafernalia al completo: lucecita, recopilatorio de lo vivido, todo. eso sí, morirse así es una cosa bastante apacibel, nada que ver con los enfermos entubados y doloridos, supongo
Cuando uno es joven o más o menos joven lo habitual (creo recordar…)es que te de repelús (o miedo, directamente) hablar de estas cosas. Pero en cuando doblas el cabo y empiezas a sentir que, en términos objetivamente cuantitativos, tienes más vida detrás que delante…entonces te das cuenta de que morirse no es nada malo. Que lo malo, lo imperdonable, intolerable, insoportable, inimaginable, inconcebible, es vivir mal. Echar a perder la vida. No creo que nadie pueda vivir con esa sensación. Sólo pensarlo –“he tirado mi vida por la ventana, y ya es tarde para intentar arreglarlo”-, ¡eso sí que pone los pelos de punta, y no esta descripción de operaciones y renacimientos, a cada cual más alegre y surrealista!. Grillo, ¿y por qué no quieres acabar en el restaurante de Ikea?. Vamos, yo lo encuentro estupendo: que me coma un jovenzuelo que se dispone a pasar la tarde montando uno de esos muebles llenos de tornillos…. Mi madre –que es católica apostólica, pero "sui generis"- nos ha pedido que cuando palme la incineremos, y que después vayamos en comandita a dejar sus cenizas en un cenicerito de la quinta planta de El Corte Inglés (ya lo tenemos escogido), uno de los lugares donde más feliz ha sido…
Mis queridos y admirados Miros, Lamsky y Barbie.
Miros, recuerdo perfectamente los tres posts sobre tus experiencias cercanas a la muerte en 7 junio, 30 julio y 3 septiembre de 2012 respectivamente, y los comentarios de ánimo y mejoría que te mandé. Los he tenido apuntados en mi agenda para co-responderte, porque fuiste tú quien me dio la idea de recopilar entre mi familia fechas y datos para publicar este “Cui prodest' apenas un año después. Mi memoria es catastrófica. A veces pienso que me la han ido mermando con tanta anestesia y tanta droga medicamentosa. De verdad, yo creo que en su día fui un tipo bastante lúcido, pero con algunos tratamientos, como el maldito y primitivo Interferón era un zombi, un náufrago a la deriva...
Entonces te entendí perfectamente, excepto en el modo de afrontar el asunto: no es que a mí me dé igual palmar porque me sigue gustando la vida, sino que ya temo. Se acostumbra uno al fenómeno (bastante natural) y lo trata de tú a tú sin el menor problema.
Sabes – sabéis – que puedo decorar un poquito lo que cuento pero que jamás miento. Lo del renacimiento es verídico; me lo han dicho tantas veces que ya me suena a guasa. Pero aquí estamos, ¡psss!
Estaba convencido de que la mayoría de los 10 o 12 blogueros que nos leemos habrán pasado en su vida por alguna experiencia más o menos parecida. Veremos aún más que nos contarán a su estilo qué sintieron. Mi intención ha sido restarle importancia al la canina y dar cierto ánimo. Por supuesto, lo que me contó mi hermana es verídico y muy en serio estoy a la espera de que me diga si ese testamento nuevo se hace ante notario o qué. Me parece una idea redonda aunque al final desbarro a conciencia con el modus operandi de los científicos esos. Véte a saber.
Es glorioso tener a una K. en esos momentos. A mi también me han ayudado mucho mis 'kas'. Tener a mano una mano es definitivo en ese instante.
Vanbrugh,
Debes tener razón; 'repica' la enfermedad del órgano afectado y redivive o redive el individuo. ¿?¿?
Lansky,
por todos los dioses, morir ahogado es la peor de mis pesadillas... aunque dicen que es una muerte tan plácida como desangrarse o congelarse. Al parecer es un trance tranquilo, sreno y hasta agradable. Lo de atragantarse con una chirla (o con un silbato) es tan frecuente como grotesco. Le suele ocurruir a niños y ancianos.
Sí Barbie, lo realmente chungo es vivir MAL. Digo de no enviar los últimos restos a Ikea porque ya ves lo malos que son sus sandwiches, y tendría mala leche contagiar a un desconocido con concualquiera de mis enfermedades crónicas. Lo de tu madre es genial: las cenizas al cenicero; pero que sea de una determinada planta de El Corte Inglés es más surrealista de lo que podría contar yo. Uno de mis hermanos pidió, romántico él, que esparciéramos sus cenizas en el mar... No me veas qué lío la viuda, el hijo y nosotros en un pedalón vertiendo aquello, grabándolo en video y llenándonos de polvo las caras y ropas.
Caerán nuevos comentarios y cada uno tendrá su variante aunque todos coincidan en lo básico: hay que morirse.
Podría contar aún más cosas al respecto, (ahí tenéis la muerte de mi abuela Assumpa), pero tampoco soy un adorador de la muerte.
Siete vidas como las de los gatos Grillo, ya las has agotado todas o quizá la de la próstata no cuente porque no estabas realmente en peligro y todavía te quede una.
Yo me caí a una piscina cuando niña y no, no sabía nadar. Además, era una piscina en invierno, con el agua verdosa llena de bichos (antes se dejaba al agua pudrirse y a me fascinaba contemplar todas esas lombrices) Imagina qué pesadilla para una niña vestida de domingo que correteaba alrededor de la piscina, mirando de cerca los gusanos. Como puedes comprobar sobreviví, un hombre, el jardinero? me sacó de allí. No recuerdo mucho más de él, con bigote negro creo, y mi madre me voy hecha una sopa y se enfadó pero no me pareció que fuera consciente de que casi se queda huérfana de hija. Yo veía muchas burbujas y movía los brazos para salir pero me hundía. No lo pasé nada bien. Era pequeña, quizá cinco años máximo? Pero sabía que iba a morir. No sé, fue algo muy extraño, de pesadilla, recuerdo el agua verde y las burbujas y yo pensado, extrañada, que me iba a morir. Fue providencial la aparición de aquel hombre. Desde entonces mi debilidad son los superheroes de barrio, jardineros, porteros, barrenderos, conductores de autobus, ect
Una de las viejitas que visité el verano pasado me dijo que "una se muere cuando le toca" Frase sencilla pero que me dejó pensativa, como si tuviéramos un día señalado con tiza en un tablero.
En todo caso Grillín, no creo que tantas medicinas te hayan afectado la cabeza para nada. Me alegro mucho que la blogoesfera me haya dado la oportunidad de saber de tus aventuras. Y aunque no sea tu cumpleaños deseo que cumplas muchos más y que te mantengas como hasta ahora. Eres divertido, profundo, tierno y se te agarra* cariño ( nota que no he querido poner el verbo "coger" para no ofender a los latinoamericanos que te leen)
Barbie, lo de tu madre y el cenicerito en el Corte Inglés es genial! ¿Por qué fue tu madre tan feliz allí si se puede preguntar? Tengo curiosidad
Pues fíjate Emmita, que cuando dije que algunos más, y no TODOS, nos podrían contar sus experiencias me estaba refirinedo a ti mentalmente, porque debes ser la más joven del bloguerío y tal vez sin experiencias de este tipo.
Pero qué marrana... divertirte viendo los gusanos del agua putrefacta...
En fin, que con 5 o así ya creíste morir entre manotazos y burbujas; pero apareció ese héroe anónimo del que hablas.
También a mi me parece 'genial' la voluntad de la madre de Barbie queriendo ser depositada en un cenicero de El Corte Inglés... Y el caso es que El Corte tiene su minimundo único. ¿?¿? Allí fue feliz la madre de Barbie.
Os cuento: un día me encontré sentados en la Boutique del Gourmet a J. Gª Berlanga y Rafael Azcona. - ¿No sabes, Grillo, que el único sitio donde se pueden escribir guiones es aquí? - Y eso?
- Pues mira... aquella gorda que está rebuscando entre los percheros de pantalones. Ha despistado al marido hace un rato y ha venido aquí a buscar unos pantalones para el amante... que si te fijas bien tiene cara de amante y está un poco hacia la izquierda. Se irán a la cama. Ella regresará a casa y abroncará al marido por haberse perdido como un gilipollas entre tanta ropa y tanta gene. Esa noche le negará un polvo... bla bla bla.
O sea: los dos sacaban partido a un hecho tan nimio como inventado, imaginativo; cuando eran ellos mismos quienes se iban allía para no tener que escribir en sus casas con sus mujeres coñazo.
Ya ves.
No sabía nada de tu quinto renacimiento. Miroslav describe exactamente lo que yo sentí durante un accidente de coche al que ya me he referido un par de veces :" Hasta aquí, que se le va a hacer ", sin miedo ni nada parecido. Sin embargo desde entonces los coches me dan angustia. Tanto si voy de pasajera como cuando estoy andando por la calle. Para mí son bestias incontrolables.
Bueno, amigo, tu presente vida ( ahora debe ser la octava si no hay error de cálculo) será muy larga y agradable, ya verás. Te lo deseo de todo corazón.
La quinta planta es la de "Menaje del Hogar". Todas las penas, contratiempos, sinsabores, mi madre los cura allí (ella no se ha bebido la vida "a grandes tragos", Grillo). Supongo que allí, en El Corte Inglés en general, y en la quinta en particular, se siente segura. Es un mundo ordenado, tranquilo. Suele encontrarse a alguna de sus amigas, o quedar con ellas directamente "en la quinta" (La Coruña, al fin y al cabo, es una ciudad pequeña). Cambia congojas -que las tiene; algunas no sé si del todo conscientes- por cucharones "fashion", servilleteros extraños, ollas de última generación...El día que nos soltó por primera vez lo del cenicero nos tuvo diez minutos con las risotadas.
¿Cómo es que todos los comentaristas habéis estado a punto de espichar en algún momento?. Creo que sólo Vanbrugh y servidora tenemos todavía el currículo en blanco. Pero me da que la actitud correcta después de uno de esos episodios es justo la que sigue al cuarto renacimiento de Grillo: acelerar, jamás amilanarse.
Bss
Ay Barbie, 'mi Barbie que mi Barbie"...
Si ya me encantabas tú, tu pareja, tu huerta.jardín.parcela La Rama de Oro, ahora incluiré también en mi lote de personas memorables a tu madre solo por lo que de ella cuentas. (La mía reducía su cura de espantos y congojas en un espacio mucho más reducido: en una tienda de pasamanería que había en la calle de Pontejos en Madrid. Iba muy a menudo y siempre venía con un metro o dos de galón, unas borlas o cosas así.)
Estoy segurísimo que TODOS nos alegramos de que tú y Vanbrugh tengáis en blanco ese currículo y esperamos que os mantengáis así por docenas y más docenas de años.
[En casa hemos sabido todos morirnos muy bien. Estaba yo haciendo no sé qué cura a mi padre ya moribundo y sabiendo que no lo consideraría insolente tuve el arrojo de preguntarle qué creía que pasaría despues de la muerte
- No lo sé, date cuenta de que nunca me he muerto... - Exageraría si dijera que fueron sus últimas palabras, pero sí de las pocas postreras. Lo adoraba.]
[Rectifico este último comentario aún a riesgo de extenderme y contar cochinadillas.
Pues claro que sí recuerdo PERFECTAMENTE la cura que hacía a mi moribundo padre. Extrañamente no le dolían (o eso decía) los varios cánceres metastaseados que padecía desde años, pero noté que no podía orinar y tenía en bajo vientre tensísimo. Compré en Queraltó una bandejilla de riñón, una sonda, un par de pinzas, y ni corto ni perezoso le sondaba cada equis horas con vaselina y la habilidad que había aprendido en los hospitales donde trabajé en Alemania. Una práctica médica totalmente prohibida para cualquiera no titulado. Pero él se quedaba muy relajado y yo también. Hala.]
Lllevas razón Emma. Lo de la próstata no debe contar. Así que me queda una vida más para llegar a las siete de los gatos...
Aunque ya digo en un párrafo que no consentiré llegar a ese punto casi final porque ya tendré firmado mi documentito por el que me dejarán tranquilo, sin dolor, y luego lleven mi fiambre a dónde admiten despojos para ensayar.
Es verdad Grillo, que estudiaste medicina. Yo creo que hubieras sido un buen médico.
Tienes que hacer un post sobre tu padre un día de estos.
Y cuando llegue el buen tiempo, tenemos todos que vernos. Tenemos que celebrar que seguimos vivos.
Gracias Barbie por la explicación. Es verdad que las secciones de Menaje del Hogar relajan. Tienes la ilusión de que la vida puede ser ordenada y clasificada. Elegir el color de las cortinas, comprar pomos de puertas, ganchitos para los trapos de cocina. La vida tiene otro color allí. Muy sabia, tu madre.
Pues fíjate Emma que soy de los firmes creyentes en lo de 'honrar padre y madre', y aunque los míos lo merecían de sobra me da cierto pudor contar de ellos en un blog donde lo tomo todo a chufla. Valen abuelos, primos, hermanos y otros familiares, pero padres no. No aquí, por escrito y ante muchos.
C.C.,
creo recordar tu accidente de coche bajando la antigua cuesta de los montes de acceso a Málaga. Aquella carretera era un peligro mortal. Caían como chinches.
Pero antes, mucho antes, cuando nos conocimos en Sacedón siendo niña (aunque creo que ya estabas en la pubarquía) recordarás otro accidente de coche en carretera que no viviste en persona:
Yo, veinteañero , cuidaba la construcción de un falso barco para el inminente rodaje de unas escenas de no sé qué película, ¿Camelot? Tu hermana, tú, tu legendario padre (Dimitrakis) y su pareja, pasábais unos días de veraneo junto al lago. A veces cruzábamos charlas. Nos hicimos gentiles conocidos. No sé cómo ardió el precampamento de rodaje. Decidió tu muy expeditivo padre que no merecía la pena estar en el pueblo esperando a que la operadora nos comunicara con la productora en Madrid a través de aquellas rudimentarias centralitas con largas demoras. Me subió a su Panhard 'dos puertas' y salimos echando ostias. En un momento de la oscurecida nos chocó otro coche de inferior potencia que quedó hecho un acordeoncito. Lo conducía un capitán del Ejército. Iba piripi. En cuestión de minutos lo denunció tu padre en el cuartelillo de un pueblo próximo, explicó lo del incendio, (cosa que ya sabían y estaban alarmados) y nos dejaron seguir a toda marcha previo tomarnos datos y documentación. En Madrid comuniqué a la Twenty C. Fox lo ocurrido y se solucionó el asunto de la peli como quiera que fuese. No lo recuerdo de pe a pa.
Más tarde el militar perdió el coche y un juicio rápido en el pueblo.
La cuestión es que nos hicimos buenos amigos y también las familias. Pero tengo grabado en el cerebro que meses más tarde estando en vuestra casa de Bretón de los Herreros (un nombre ideal para la pronunciación francesa) se presentó el militar hecho un energúmeno, encañonó a tu padre con una pistola nada más llegar al salón y antes de que pudiera articular palabra tu atlético padre le dio un soplamocos que la pistola salió volando a dos metros. Luego lo agarró por la solapa y lo echó al rellano de vuestro piso ¿no fue así? Nos quedamos a cuadros. Esta última parte es mera anécdota.
En fin, que sí, que creo en tu miedo a los accidentes de tráfico. No creo que hayas olvidado este suceso, aunque no venías en el auto.
Abro la boca y no l a cierro...qué de historias, madre.
Yo sólo iba a decir -pero me has dejado pasmada con la última historieta...- que sí, que habrías sido un buen médico, cuidadoso, atento y divertido. Paciente sí he sido alguna vez, y certifico que, cuando uno está tan desfondado, agradece mucho que le distraigan y le quiten hierro al asunto. No es nada fácil saber hacerlo.Aplaudo también tu decisión de dejar a los intimos a un lado. Con esa única frase de tu padre nos basta, a mí al menos, para saber a quién saliste!. Besitos.
Sí, sí, le Panhard azul clarito. Luego se olvidó mi padre de que tenía dos hijas adolescentes, y se compró un Triumph Spitfire. La amiga del momento iba delante y nosotras agachadas detrás pasando un frío tremendo en invierno pues había que quitar el tejado plegable para que quepáramos.
Confirmo que la película fue Camelot y que tu barco falso, imitación de una nave medieval (¿vikinga?), construido a base de barriles de aceite, se hundía cada dos por tres. Mi padre, ingeniero, te hizo un cálculo geométrico para buscar la linea simétrica, o algo por el estilo. Al final,la encontrasteis. Menos mal porque si no recuerdo mal, a bordo tenían que subir no solamente los actores sino también los caballos.
Aquel piso estaba en la calle Rafael Calvo. Nadie nos va a creer pero lo del chiflado con la pistola es la pura verdad. El tipo vino con un cuello de esos que te sujetan la columna vertebral, y pidió daños y perjuicios con una pistola. Mi padre, aparte de ser la persona más valiente que he conocido, había boxeado en su juventud entrenándose con el club de la bolsa de Paris. Yo he vivido varios episodios con las cualidades de boxeador de mi padre, no sé si para bien o para mal. Y es que era tan guapo, tan alto, tan fuerte, tan sereno que siempre aparecía algún enano mezquino que se metía con él. Jaja.
Es verdad... El barco se escoró totalmente y actores, director, cámaras y caballos cayeron al agua, por suerte en la orilla.
La culpa fue del insensato que confió ese trabajo a un muchacho sin la suficiente preparación técnica. Luego tu padre hizo no sé qué cálculos, le puso una orza o quilla en un punto exacto y aguantó muy bien.
El post está yéndose por otra ruta.
¡Vaya tío! Yo nunca estuve realmente tan cerca de morir: de pequeñito cogí una infección de estafilococo dorado en un ojo, éste se inflamó tanto que el bulto era más alto que la nariz, el médico le dijo a mi madre que o remitía en 24 horas o había que extirpar, pues la infección podía fácilmente extenderse al otro ojo o al cerebro con consecuencia fatal, pero remitió y sigo vivito y sin parche de pirata. La segunda que puedo contar es más tonta aún: pensando que, si la radio estaba apagada no habría electricidad, se me ocurrió cortar el cable sin desenchufarlo, pero nada, saltaron los plomos y ya está. Y la tercera que recuerdo, siempre la achaqué a un intento de suicidio encubierto pues fue después de un fuerte desengaño amoroso y me ocurrió (también) de la forma más tonta: conducía por la M-30 con prisa por llegar al trabajo, un tortuga sin adelantar a nadie iba por el carril rápido obstruyéndome el paso, me pegué a su culo pensando que se daría cuenta de lo inverosímil de su posición pero el caso es que, o no me vio o hizo caso omiso de mi exigencia, entonces, con un gesto de cabreo supino, pegué un volantazo para adelantarlo por la derecha, con una fuerza tan mal cálculada que perdí el control del coche llevándome por delante diecisiete metros de valla protectora, que afortunadamente impactaron contra la parte delantera y la tremenda descarga cinética quedó absorbida por el motor; con resultado de siniestro total y una pequeña cicatriz en la frente que ya ni se ve. Y éstas son mis batallitas, todos tenemos alguna, de las que no solemos hablar y que está muy bien recordar. Gracias por la mención y a ver si algún día te pasas por mi blog y me dejas algún comentario, que ya sabes la ilusión que nos hace.
Vaya, vaya, Atman, también tú has tenido malas experiencias al respecto. Me alegro. No, no, perdona: quiero decir que lo siento, pero que me alegra recuperarte porque por mi nula habilidad internética y técnica te tenía perdido y ya te recupero.
Espero haberte puesto correctamente en mi lista de 'favoritos' y comentar cuando esto me avise de que hay nuevo post tuyo.
Grillo, supongo que ya sobra decirlo, pero este post es una (otra) obra maestra, aunque después de lo que has contado y de las historias de los comentarios, casi da reparo añadir nada más.
Yo debí de pasar por el quirófano tres o cuatro veces y siempre por cosas pequeñas, así que no conozco esas sensaciones, y aparte de una gripe que pillé hace un par de días, debo de llevar cuatro o cinco años sin estar enfermo. Pero cualquier día me toca y las conozco de primera mano, o con la misma allí me quedo. No me gustaría nada morir, pero como eso nos puede pasar a todos en cualquier momento, me tranquiliza tener la certeza de haber vivido unas cuantas cosas que han merecido mucho la pena.
Un amigo me contó que de niño estuvo a punto de palmar ahogado al caer en una poza llena de estiércol, y lo mismo le pasó a uno que saltó por la ventana de la habitación de su amante en el momento en que llegaba el marido y fue a caer en plena mierda (también son ganas, almacenar estiércol cerca de la ventana). Otro accidente aparatoso, ridículo y casi mortal que recuerdo fue el de un fulano que estaba machacándosela en un árbol plantado justo encima de una playa nudista que hay cerca de mi pueblo, hasta que se quebraron unas ramas, el tipo cayó encima de una roca y se rompió varios huesos. Debió de ser muy complicado sacarlo de allí, porque es acceso a la playa es difícil e imagino que mucho más para quienes lleven una camilla o lo necesario para un accidentado como ése.
(El final del post me hizo pensar en “William and Mary”, un relato escalofriante del gran Roald Dahl.)
Bueno, bueno, buenooooo... Antonio. Acabo de leer el plot summary de "William and Mary" y me parece una historia truculenta. Qué horror, ser prematuramente convencido de donar el cerebro y que ande por ahí transplantado, conectado a un corazón, etc. etc.
O sea, que incluso los más delirantes pensamientos escritos de cachondeo en un post post mortem resulta que ya han sido elucubrados mucho antes.
Tiene uno que andarse con mucho ojo con la IRREALIDAD, porque en cuanto de descuidas propicia su venganza en forma de REALIDAD y te deja con el culo al aire.
¿Dónde encuentras tú esas lecturas o cómo sabes de ellas?
También es mala pata subirte a un árbol para cacártela frente a una playa nudista y caerte.
Y zonzos o guarros los que tenían el dormitorio junto a un estercolero.
A ver si va a tener razón Lansky y resulta que ya está todo dicho y pensado y escrito, coño, y solo nos queda el derecho al pataleo de cómo contarlo; la elección de sustantivos, verbos y adjetivos.
(- No somos nadie, dijo uno; y el otro replicó - Y usted menos.)
me entraron ganas devolver a verla (y lo he hecho) después de leer tu post: Las invasiones bárbaras. ¿La habéis visto?.
Fantástica peli de fórmula tragicómica. Recuerdo la 'habilidad y la naturalidad con la que ahí se manejaban espinosos temas como las drogas y la eutanasia, sin demagogias ni moralinas.
Me gustó el exultante torrente de humanidad de ese Rémy vehemente, franco, generoso, espontáneo, rebelde, libertino, soñador, insolente, sibarita, socarrón, tierno y culto. Un hombre que supo vivir y morir.'
Tengo que encontrar algún video por ahí para repasarla bien otra vez.
A mí también me entusiasma. Incluso la forma discretísima de trtar el más espinoso de todos esos temas:el del dolor. Más espinoso que la muerte en sí, me parece. Y me apasiona también la despedida, mirando los árboles, el cielo, rodeado de amigos, con un buen chute de heroina en vena, tranquilo y satisfecho...No me puede gustar más. Bss
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