Decíamos ayer...
Jamás conseguí pasearlos por donde yo deseaba: me llevaban ellos a mí.
Siempre se me enredaba la correa con la de otro 'amo' que sacaba a pasear al suyo y los animalillos se ponía a juguetear, organizando un lío tremendo de correas, y el otro tipo y yo venga de dar vueltas como si estuviéramos bailando una sevillana entre juláis callejeros.
Un día me crucé por el barrio con una mindundi añeja con un perrito blanco, ridículo, con su mantita escocesa y lazo rosa en el moño:
- ¿ De qué raza es su perro? - me pregunta la furcia con sonrisa de hiena.
- Es un Basenji, señora...
- Pues qué rarito es...
- No es 'arrito', es directamente feo de cojones; pero valiente; y si le azuzo contra el suyo lo desbarata en dos minutos.
- Ay, qué carácter tiene usted...
- ¡¡¡Pues éso!!! (me indignó la majadera con el perritín, y mira que soy un tipo condescendiente.)
Los cachorros son indomesticables, o a mi me lo parecen. Se jiñan o mean por toda la casa; jugando se cachondean de mí para quitarme el papirote de papel de periódico con el que me dicen que tengo que darle en los morros como castigo in situ para que no repitan la cagada; la chacha ya no los soporta más, les roba comida cuando guisa, se le cuelan entre las piernas - que se va a deslomar la pobre mujer cuando me baja la bandeja del desayuno o la aspiradora desde el piso de arriba y mi Momo se le enrolla creyendo que se trata de un juego o de una carrerilla a ver quién llega abajo primero; escarban en el cubo de la basura; me comen libros, alfombras mantas y jerséis, (con predilección por el cachemir); no hay modo de que duerman en su cunita...
Cuando decido jugar con ellos o sacarlos a pasear resulta que están durmiendo y no quieren ni salir ni jugar, pero cuando estoy leyendo tan feliz en mi sillón de señor mayor y caballero español, entonces quieren juguetear, me muerden las zapatillas para llamar mi atención o me traen en la boca algo de valor, delicado recuerdo familiar hecho trizas.
Ni puñetero caso hacen a esos juguecitos suyos del carajo que les compro en los comercios del ramo, la mayoría en goma con un cascabel molestoso o un infame pitito interior de encocorante sonido.
- Qué tal Grillo, ¿cómo te va con el perroAnda y que le den mucho a los perrines.
- No fastidies... A ésta casa no vuelve a entrar más ningún animal de 4 patas. Para ti el Basenji y de propina te voy a regalar una collera de San Bernardos para que te hagan más llevadera la soledad ésa tuya de que me hablas. Yo estaba muy bien sólo, haciendo por fin lo que se en ponía en el rábano.
Si acaso, (y lo dudo mucho), admitiré un perro adulto, ya educado y sin ganas de jugar. Coño, que mire él por mí y no yo por él. Que no tenga yo que ser su mejor amigo, su padre, su madre, su cuidador, su entrenador personal y su juguete favorito.
Otra cosa ( ¡ qué apuro! ), es el descaro con que copulan (joden) por la calle: mirando a los lados, a las personas, a los coches... etc. Si yo fuera perra jodida pensaría : - 'Tío, échale un poco más de sentimiento; que se te vea un algo de cariño y de sensibilidad'.
Se acabaron los perros.
Mi fiel mucama me ha pedido que le baje el sueldo por haberle librado de tercer momo.
No hay mal (perro) que por bien no venga.
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Inasequible al desaliento, otro amigacho me regaló un animal de compañía de sólo 2 patas. Un Miná del Himalaya. Un pajarraco bien gracioso, listo, y escandaloso. El Miná aprendió pronto a imitar distintos sonidos. El del teléfono, el timbre de la puerta o en telefonillo interior, y nos traía locos a la chacha y a mí descolgando el aparato sin que hubiera sonado. Los pitiditos del microondas, los tonos de nuestros móviles. Llegó incluso a aprender algunas palabras en tagalo. También nos mordió en un par de ocasiones, ¡Qué gracioso, el cabrón !
Se lo devolví al amigote. - Nada, tío; que no quiero más animales ¿Vale? Como mucho una linda criatura de dos piernas y dos tetas, y no me importará conocer a fondo su lado más oscuro...
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Pero la conciencia está ahí para remorder, para proporcionar dolores, como la señora esa de Cospedal, del PP.
Y entonces, por no quedar de 'rarito' a nivel de animales de compañía, me hice con uno sin cuatro ni dos patas ni una ni ninguna: una especie de besugo en resina o plastiqué, de venta en los 'chinos' de todo a 100, a pilas, enmarcado en un cuadro horrible y con un interruptor al que yo accedía a voluntad cuando me apetecía y el pez igual me cantaba 'Only You' contoneando el cuerpo, o el 'Aserejé' o simplemente me soltaba incontenibles carcajadas. Bien. ¡Óle mi pez obediente!
Bien... ¿bien?...hasta que empezó a fallar y él sólo se disparaba por las noches sin mi permiso y me despertaba a la 03:00 o 04:00h, a risotada limpia y atronadora o cantando el puñetero 'Only You'...
Harto ya y a hurtadillas me deshice de aquéllo una madrugada en la que se arrancó sin mi permiso. Incluso un mecanismo me fue desobediente, notejodes.
Me vestí por encima del pijama y lo bajé al contenedor de una obra próxima a mi casa.
Se acabó.
Siento quedar tan mal. Sé que mi cosa esta va a enojar a much@s. Sé que los animales de compañía son estupendos. Lo sé, lo sé. Pero...
Si queréis pido disculpas de antemano por mi insensibilidad.
Fotos: Google...


16 comentarios:
No sé por qué dices que escribes mal. A mí me parece que escribes de cojones.
Nada de lo que dices es muy simpático, y es peligroso mostrarse de acuerdo. Me juzgarán tan insensible como a ti. Pero lo arrostro. Firmo debajo.
Me explicaré: la convivencia es muy difícil. Lo es con nuestros congéneres, cómo no va a serlo con estas otras personillas, con las que ni siquiera es posible la discusión, que desahoga y entretiene tanto...
A mí, personalmente, para poder convivir con una mascota, me falta personalidad y gusto por el poder. Los temperamentos fuertes y dispuestos a imponerse, esos que sacan de paseo al perro cuando quieren ellos y no él, los que consiguen que el perro se siente o se calle con solo mandárselo y son capaces de evitar que cague y mee donde no debe y ponga las patas sucias de barro en los pantalones de las visitas, esos pueden tener perro y disfrutarlo. Yo detesto mandar y me horroriza asumir la responsabilidad de mis propios actos, con lo bien educado que estoy... ¿cómo voy a estar dispuesto a asumir la de un irracional lujurioso y juerguista, de apetencias totalmente faltas de mesura y confort, que suelta pelos y pedos y no se ducha a diario?
Para eso ya están los hijos varones...
Vambrugh:
Sé bien que lo que escribo, lo que digo, no es simpático... y que los amantes las mascotas me tildarán de 'poco sensible'. Vale.
Sin ser un desaprensivo con los animales - y ves que no lo he sido - uno guarda la sensibilidad para el próximo HUMANO.
Además, añado que he tenido mala mano secular con animales y plantas. No sé si tengo que lamentarlo, pero lo acepto de plano y con buen humor. (Creo)
Declararse (o que te declaren) insensible porque no te gusten las mascotas es un tópico lamentable, como declararse ateo porque al comulgar no se aprecie el sabor de Dios (Ostias Williams contienen más Dios). Conozco gentuza que ama los animales y gente maravillosa que también, en ninguno de los dos casos los son: gentuza o maravilllosos, por esa razón, pero no conozco nadie capaz de disfrutar haciendo daño a un animal que sea buena gente sino gradísimos hijos de puta. Vosotros dos no estáis en ese caso sino en el de quien no necesita ni disfruta con su compañía. Un poquito de rigor, joder.
Usted perdone, señor hombre Lansky, esta falta de rigor.
Jamás se me ocurriría, ni creo que a Vanbrugh tampoco, hacer daño a ningún animal, persona o cosa. Esa etapa de cueldad gratuita e infantil ya queda lejos.
Creo que está claro: no he sabido hacerme con las mascotas y supongo que tendré que aceptar los calificativos que me caigan por decirlo abiertamente, entre putas y flautas, entre bromas y en serio.
Lo de las hostias con más Dios está bien traído.
"Hostias Williams, contienen más Dios" era publicidad falsa de radio Tudela, una radio pirata de la época del franquismo
"A mí, personalmente, para poder convivir con una mascota, me falta personalidad y gusto por el poder. Los temperamentos fuertes y dispuestos a imponerse, esos que sacan de paseo al perro cuando quieren ellos y no él, los que consiguen que el perro se siente o se calle con solo mandárselo y son capaces de evitar que cague y mee donde no debe y ponga las patas sucias de barro en los pantalones de las visitas, esos pueden tener perro y disfrutarlo. Yo detesto mandar y me horroriza asumir la responsabilidad de mis propios actos, con lo bien educado que estoy... ¿cómo voy a estar dispuesto a asumir la de un irracional lujurioso y juerguista, de apetencias totalmente faltas de mesura y confort, que suelta pelos y pedos y no se ducha a diario?
Para eso ya están los hijos varones...”
Aun detectando la ironía del párrafo del comentario de Vanbrugh, lo que no siempre es sencillo en la Red (principio de galileo, creo que lo llaman y da lugar a numerosos equívocos), lo que viene a decir es que la motivación de tener un esclavo sumiso es la que guía esa vieja relación (más larga que la monogamia o el cuidado parental masculino de los hijos) entre los humanos y sus perros; eso es como decir que como no te gusta soplar por una trompeta de plástico y pegar con un bate de béisbol a los hinchas del equipo contrario, no te gusta el fútbol. La verdad es que las motivaciones por las que alguien pueda tener un perro son tantas como las de que en este mundo haya gentes (todavía) dispuestas a tener hijos varones, incluida la de convertirlo en un clon exitoso de sí mismo o la de torturarlo, castrarlo mentalmente o convertirlo en un arma letal lanzada hacia el futuro. Hay h. de p. con o sin perro, como h. de p. con o sin hijos.
No, no. He debido de explicarme muy mal, pero no es eso en absoluto lo que quería decir. Sino que, entendiendo todas y compartiendo muchas de las más nobles e irreprochables motivaciones por las que puede desearse tener una mascota, no me es posible, sin embargo, ceder a ellas y adoptar una porque me faltan, en cambio, otras condiciones que creo necesarias para ello, esas que apunto: fundamentalmente la voluntad y la capacidad de controlar mínimamente su conducta, no ya con miras a mi comodidad, sino a la de la propia mascota y la del resto de prójimos ante quienes sería yo el responsable.
La alusión final a los hijos varones es sobrevevenida: se me impuso casi por sí misma tras mencionar el caracter juerguista y lujurioso de los animalitos, sus aficiones no del todo conformes a la urbanidad más convencional, su tendencia a desprenderse de pelos y gases y lo problemático de su higiene personal.
Tal y como está el patio... no sé si publicar una tercera parte de 'Animales de compañía', porque se me vendría encima la intemerata.
Lo consultaré con la almohada, (que ya me recomendó anoche colgar en su lugar una vez que me planté en Serrano esq. Hermosilla con el cartelón de
"COMPRO ORO" )
Qué manía tiene la gente de encerrar a los animales. Un perro en un piso es,para mí,tan triste como un pájaro en una jaula, un pez en un acuario o un delfín en un parque acuático.
Tenemos unos vecinos que llegan siempre el sábado sobre las 11:00. Aparcan el perro en el balcón y se van tan tranquilos todo el día y la mitad de la noche. El animal no para de ladrar horas y horas hasta que vuelvan los dueños. A éstos no hay manera de hacerles cambiar de comportamiento. Qué alegría cuando llega el domingo 17 horas. Todos los vecinos estamos de acuerdo en desear que llueve el próximo fin de semana y los caciques se queden en Valencia.
C.C.
De Presidente a Presidenta (de Comunidad de Vecinos): Nos ocurre exactamente igual, año tras año, con un perrazo que se pasa la noche ladrando y aullando en una terraza de la casa colindante. Un coñazo.
Pues justamente ahora que me toca 'presidir' y que tanto me encocora, dos copartícipes de este inmueble me han pedido que llame al 010 del Ayuntamiento con una queja formal... No te imaginas el mal rato que he pasado aunque el perro era una lata, porque han venido de no sé dónde y han obligado a los dueños a meterlo dentro de su piso, más no sé que amenaza de multa subsiguiente por: excesivos decibelios en horas nocturnas, y posible 'maltrato' al animal.
En el fondo (y en la forma, coño) me alegra haber colgado este post porque veo que el asunto de los animales de compañía tiene mucha miga.
Un besote presidencial.
Muy bueno, Grillo. Pero cuenta ya algo de los tiempos de la Deneuve con el fotógrafo y del Bronston.
Tus fotos podrías ponerlas todas juntas, por orden cronólogico, porque reflejan muy bien la evolución de la moda por estos lares desde los gloriosos sixties hasta hoy.
Vale Vanbrugh, como sabes soy muy de comer ajos. En cualquier caso se trata de lo que dice C.C. (perros abandonados en los balcones), de lo que dices tú y de lo que digo yo. Hay mucha gente que no debería tener animales de compañía, quizás tu seas una de ellas, al margen de que no te compense ni te apetezca, pero pasa lo mismo –y no veo que haya que salvar tantas distancias- con la gente que tiene hijos y no les dedica el mínimo cuidado competente.
Ah, joder, con tanto pique se me olvidaba. También estoy de acuerdo con vanbrugh en otra cosa: escribes de puta madre, cabronazo, me he reido como un loco con tu basenji, tu pájaro mina (sale en La isla de Aldous Huxley)y tu tamagochi. Mereces un premio; dame tu dirección que quiero regalarte una rehala de podencos
Gracias, gracias, Vanbrugh, Lansky, etc. Agredezco vuestra buena acogida y que mis contarriñas os hagan reír; eso es lo que pretendo.
Voy a ver si cuelgo un post, igualmente atropellado, sobre eso que los hombres solemos contar como topicazo: "Historias de la Mili" - de 'mi mili', algo que jamás he largado por lo machacón y viejo del tema.
Saludetes.
Ah, FELICIDADES a tod@s l@s JUANES que acostumbren a celebrar su onomástica.
Esta noche no pienso bajar a la playa nudista a la que, excepcionalmente, iba otros años para ver saltar la hogera a los que van en porretas y oler su chamusquina...
Una risa, oye.
JAJAJAJAJAJAJA, yo te entiendo muy bien, y creo que Thomas Bernhard también, él también escribió algo parecido sobre los animales de compañía y sus acompañantes, no con tanta gracia, claro.
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